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El potencial de la respiración

Intuición y placer

La exhalación profunda conlleva automáticamente una actitud de abandono.

Wilhelm Reich, La función del orgasmo

La respiración es integración. Cada vez que se abre un nuevo ciclo, le ofrece espacio al placer. Pero en nuestro inconsciente pueden esconderse imágenes que atraen la angustia. Escondidas en algún rincón consumen tanta energía que a veces ni nos queda voz para dar un grito de alegría. No queremos reconocer su poder, pero las mantenemos oprimidas. Por eso no podemos ver cómo impiden que confiemos, y cómo convierten la soltura y la distensión en un riesgo. Cada vez que el diafragma se relaja y el aire gastado nos abandona podríamos soltar las riendas y dejar nuestras vivencias más libres. Pero dejarse caer hacia atrás con los ojos cerrados y entregarse al abandono requiere valor.

Cargado de miedo y rencor, el movimiento se hace duro y no puede fluir ligero. Si no soltamos lastre, la felicidad no encuentra por donde cogernos. Sus intentos de llamarnos serán en vano. Insistirá. Por naturaleza no le gusta rendirse. Y aunque sea difícil de creer, se mantendrá al alcance. Esperando que le estrechemos la mano, o le prestemos oído.

A veces, sencillamente ocurre. Un olor, que hace años no penetraba en nuestro olfato, nos anima. Una canción que ya habíamos olvidado nos inspira. O nos encontramos con alguien, que nos regala un momento mágico, de esos que despiertan la alegría de vivir. Pero no hace falta esperar hasta que suceda. Existe una melodía en nuestro interior, que sabe entonarse con la felicidad. ¡Ahora mismo la podrías escuchar! Es la voz de la intuición, que puede llevarte por caminos de paso ligero.

Todos somos intuitivos. Nuestro organismo percibe y elabora mucha más información de lo que somos concientes. Y sabe elegir cuando nuestra mente se ve abrumada. Al tomar una decisión, por ejemplo, la respiración puede establecer línea con la felicidad. Cuando los pulmones se abren al recibir el “aliento” para vivir, vibran de placer. Y dejando que el aire se extienda en la medida que puede, todo el organismo vibra: las costillas, el diafragma, los órganos internos y la columna vertebral con su canal central que transmite mensajes hacia cualquier zona del cuerpo. En este momento, la ligereza del ser que acompana la felicidad desea surgir, y se puede volver palpable.

Con la vida que se explaya en busca de alimento, cada célula pulsa y se expande. Luego, satisfecho de lo que recibió, el organismo se relaja al soltar el aire y facilita el contacto con el abandono. Deja surgir una melodía que resuena en tu interior. En la piel, en el corazón y en el estómago. En los intestinos y en la musculatura. Puede ser triste o feliz, rabiosa o alegre. Puede sonar despacio, o fuerte. Puede ser agradable, o ponerte los pelos de punta. En el cuerpo, cada emoción tiene su lugar, y el placer sabe convivir sin miedo con el dolor.

La melodía que expresa los anhelos de tu ser auténtico es alegre. El tiempo que le dediques a tu respiración te ayudará a percibirla con más claridad. Tu cuerpo nunca te engañará, y puedes consultarle todo lo que quieras. Es el primer interesado en la integridad del propio Yo.

Conectarse con la propia intuición para tomar una decisión

Al final de una sesión de ejercicios, túmbate en posición supina y relájate sin prisa, pero profundamente. Respira con calma. Al rato, empieza a pensar en una de las opciones que te planteas. Imagínate cómo sería. Date tiempo. Siente tu cuerpo. ¿Te parece que estaría de acuerdo si la eligieras?

Procede de la misma manera con todas las posibles opciones. Luego sabrás, cuál es la mejor para ti. Y verás que en el fondo ya lo sabías. Sólo que no te habías dado cuenta de ello.